Skip to main content

Lee Ufan, un momento de paz

 

MOMA


“Lee Ufan utiliza los medios del minimalismo abstracto —las series, las cuadrículas y el monocromatismo— como una afirmación física de la existencia. Su minimalismo es una forma de guardar silencio; de emocionar con un gesto”.




De Lee Ufan impacta su prístina limpieza. Nunca el estudio de un pintor ha estado tan pulcro. Un solo lienzo blanco (con un bastidor de ebanista) en el piso, una estructura donde el pintor se puede subir sin tocar nunca la pieza sobre el piso. Los pinceles ordenados en la pared por tamaño y tipo, una cubeta con la pintura (siempre blanco, rojo ocre o azul), ni una gota derramada. Así funciona su cerebro y así percibimos su obra. Un brochazo, un manchón, una serie de líneas, una lluvia de puntos o una roca a la que se deja caer sobre un cristal muestran su relación con el arte y la filosofía. A pesar de haber vivido en épocas conflictivas Ufan y sus piezas emanan paz.

Lee nació en Corea del Sur en 1936 y estudió pintura en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Seúl. Durante su niñez y juventud fue testigo de las convulsiones políticas que asolaron la península coreana, desde la ocupación japonesa hasta la guerra en Corea que dividió al país en 1953. “Lo esencial de su arte es la incertidumbre y las cosas que no son fijas sino abiertas y en pedazos, y todo está abierto a tu interpretación y nuestra experiencia e infinito”, dice Alexandra Munroe, curadora de la última exposición del artista en el museo Guggenheim de Nueva York. Posteriormente Ufan estudió filosofía en Japón, donde fue líder y fundador del grupo de arte contemporáneo japonés Mono-ha (“La escuela de las cosas”), cuya principal premisa se centra en la relación entre materiales y percepciones, más que en la intervención y expresión.

Los artistas del movimiento trabajaban con materiales puros (no intervenidos anteriormente), una característica que se refleja en la obra de Lee Ufan quien también formó parte del movimiento coreano Tansaekhwa (pintura monocromática), que ofrecía un acercamiento más fresco a la abstracción minimalista presentando marcas gestuales repetitivas como impresiones del paso perpetuo del tiempo. Versado tanto en filosofía moderna como en la metafísica asiática Ufan siempre ha compaginado su práctica artística (pintura, escultura e instalaciones) con escritos filosóficos.

A partir de 1972 Lee comenzó a titular todos sus trabajos como Relatum, un término que denota la relación entre los objetos. Su trabajo es más que nada conceptual y representativo, siempre en colaboración con el azar. Una de las obras más icónicas del artista es Relatum 1968/69 (antes Phenomena y Perception). Este trabajo está compuesto de una placa de acero cuadrada sobre la cual Ufan sitúa un panel de cristal del mismo tamaño y proporción; en seguida toma una roca grande (tomada del fondo de un río) y en un acto perfectamente controlado, a una corta distancia, la deja caer sobre el cristal creando grietas sobre éste. El resultado es una experiencia instantánea y táctil entre la roca y el impacto en el vidrio.

En su trabajo coexisten los opuestos: esculturas en las que pesadas piedras y acero están suspendidas en el aire sobre lo que parecen nubes de algodón. Lee Ufan utiliza los medios del minimalismo abstracto —las series, las cuadrículas y el monocromatismo— como una afirmación física de la existencia. Su minimalismo es una forma de guardar silencio; de emocionar con un gesto. Es la búsqueda del vacío; ese vacío que es llenado con un simple trazo seguro, imperceptible pero presente como el viento. Es una búsqueda donde lo material se trabaja en toda su cruda naturalidad y el espacio se desnuda de toda referencia para que quede lo esencial: el infinito es mínimo y Lee Ufan lo explora. 

Publicado en Revista Replicante


Comments

Popular posts from this blog

De Arte y Artistas

  En esa constante lucha con la muerte, la obra de arte permanece; el nombre del creador se graba en la historia. Encuentra un lugar de sosiego donde nos reconcilia con el mundo al que pertenecemos. Dice PLatón que el ser humano tiene dos fecundidades, la del cuerpo y la del alma. Aquellos cuya fecundidad es la del cuerpo tienen hijos; aquellos cuya fecundidad mora en el alma alcanzan la inmortalidad en una obra de la inteligencia, y así nace el creador: el artista. Los hay que a través del pincel y el óleo crean imágenes que se vuelven universalmente reconocibles. Hay quienes a través de las palabras crean espacios y personajes que tienen tal fuerza que se imponen transformándose en reales. Los hay músicos, poetas, actores, bailarines, arquitectos. Están los que encontraron la fama y el éxito en vida, los que inmortalizaron su nombre y los que a pesar de no haber sido tan reconocidos han encontrado la manera de filtrar su talento y su obra hasta nuestros días. A...

El Metro de la CDMX por Lance Wyman

Cuando Lance Wyman, diseñador norteamericano, llegó a México en 1966 la referencia más cercana que tenía de nuestro país eran las piñatas. Wyman formó parte del equipo que desarrolló la imagen gráfica para las Olimpiadas de 1968, junto con los arquitectos Ramirez Vázquez y Eduardo Terrazas.  "Me gusta la simplicidad y la franqueza en la cultura mexicana. La geometría en sus diseños" comenta el diseñador en su visita al MUAC. Habiendo crecido en Nueva York en un ambiente totalmente urbano Lance lleva la ciudad a todas sus creaciones. Pero México le ha dejado una huella característica en el uso del color, la geometría y la simplicidad de su imagen iconográfica. "Soy un comunicador y se podría decir que el arte está involucrado pero como diseñador estás obligado a comunicar algo." Wyman desarrolló también la identidad gráfica del metro de la Ciudad de  México y la copa mundial de México en 1970. “Terrazas, amigo y compañero de trabajo, me convenció para viajar a México...

La oquedad del espacio íntimo. Otras formas de mirar

  - Anitzel Díaz -  La pandemia ha generado nuevos parámetros en el espacio íntimo, personal, en el que, al final, sólo “contamos con nosotros mismos”. En este artículo se comentan dos obras en ese sentido: ‘Historias propias desde casa’, de Lorena Wolffer, sobre lo que ha significado el encierro para la mujer, y ‘Días de coronavirus’, de Jorge Ferrer, una crónica de cuarenta días metido en su domicilio. ---------- Hace algún tiempo que lo que no puede ser visto en los medios o subido a la red “no existe”. Al respecto hay quienes tienen una actitud apocalíptica o quienes aluden a que “el uso de la red no supone más peligros que los de ventilar la privacidad personal y familiar gritando, peleando o haciendo ruidos que los vecinos escuchan a través del cubo del edificio, o esparciendo chismes y rumores de una oficina a la otra.” Un paradigma que consigna: “que quede testigo de lo que hago para tener consciencia que lo estoy haciendo”. Lo cierto es que, sí, hoy ne...