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La mirada de Sally Mann

 






“Crecer como hijo de Sally Mann no ha sido fácil; cualquiera que tiene tanto impulso como Sally Mann va a ser una madre intensa. Ella es una persona difícil y por más que batalle, me encanta; es tan yin y yang”.  

Esta es la opinión que tiene Emmet de su madre. Durante varios años Sally Mann retrató a sus hijos, en escenas aparentemente familiares: reuniones, niños jugando en el río; aunque cada fotografía fue una puesta en escena donde toda la familia participaba en la producción y se sacaba hasta veinte diferentes tomas.

“Mis hijos estaban ahí, entonces sacaba fotos de ellos”. Su trabajo ha sido criticado por su franqueza y celebrado por su honestidad. Las fotos de sus hijos causaron controversia justamente por esto, son de una honestidad que confrontan. Mann fue acusada de crear pornografía infantil por grupos conservadores americanos en la década de los 90´s.

Su hija más pequeña comenta que no entiende la controversia acerca de las fotografías familiares y añade “perdimos a una madre hasta cierto punto pero ganamos una amiga y una artista”.

Estas fotografías en blanco y negro son notables por que muestran la belleza en la inocencia de la niñez al mismo tiempo que una altivez que impacta; son la epitomía del trabajo de Mann. Es difícil sustraerse a la intimidad que muestran sus imágenes.

Es intensa y metódica “amo la ambigüedad; la peculiaridad, sin esto no es interesante crear” afirma Mann.Sally Mann nació en el año 1951 en Lexington, Virginia. Después de acabar sus estudios sobre arte, estudió fotografía en el Praestgaard Film School. Fue la tercera en su familia, y recuerda que hasta los siete años fue libre; ese sentido de libertad lo carga en su obra.

“Al ser la tercera mis padres ya no estaban para educar. Hasta que tuve siete años no fui a la escuela, en todas las fotos que tengo de niña aparezco desnuda”. Ama el sur de los Estados Unidos y eso se refleja en el respeto que siente por la naturaleza.

Comparte una granja de 425 acres con cinco perros, y cuatro caballos árabes que su esposo Larry Mann (herrero y abogado) alimenta cada mañana. Sus hijos gravitan a su alrededor. Todo en la familia Mann gira alrededor del arte de Sally.

“Ella es antes que todo artista” revela su hija Virginia.  Con una concentración impecable Mann prepara una placa de vidrio cubierta con colodión y éter y explica cómo las cantidades y distribución de los químicos altera el resultado final: “trato de mantener los errores al mínimo, aunque siempre es grato encontrar alguno que hace única una imagen”.

Utiliza una cámara de formato grande 5x 7 del siglo pasado y todo el proceso de revelado es manual; buscando siempre una acabado victoriano. Toda su obra tiene ese halo que evoca lugares llenos de magia, con una estética que cautiva al espectador. Su objetivo esta vez es un hueso de alguno de sus perros. Ha hecho cientos de fotografías de estos huesos. “A veces un hueso es sólo un hueso, y es sólo por diversión. ¡Se imaginan, arte por diversión! su personalidad se destila en su obra. Creció sin un verdadero conocimiento de Dios, así que tomó fotografías: éstas son su expresión de espiritualidad. La idea de maternidad la sobrepasa, así que tomó fotografías para comunicarse con sus hijos.

Su mirada es intensa y concentrada, su mente siempre está en su arte. Ha explorado varios géneros: el paisaje, la fotografía de arquitectura, así como retratos y naturaleza muerta.

Pero realmente encontró su oficio con su segunda publicación At Twelve: Portraits of Young Women (1988). En 2001 la revista Time la reconoce como la mejor fotógrafa americana. Es curioso lo que el espectador encuentra en la obra de un artista, mientras que unos encuentran pornografía, otros encuentran magia.

Anitzel Díaz
Publicada en Milenio




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